Conoce las investigaciones más interesantes en la historia de la psicología:


La psicología es una ciencia consolidada en constante desarrollo con la clara vocación de ayudar a las personas

La psicología es el área de conocimiento que aborda la conducta de las personas y los procesos mentales en los que estas se ven inmersas.

Entidades que forman parte de estos procesos, tales como la percepción, la motivación, la inteligencia, la personalidad, la emoción, la consciencia o el inconsciente han venido siendo sometidas, desde un pasado ya remoto, a observaciones empíricas y variados y cada vez más sofisticados métodos de investigación.

Incluso aquellas actividades biológicas que sustentan el funcionamiento del organismo han terminado siendo objetivo de su estudio y análisis, abarcando la labor del psicólogo, en consecuencia, el estudio de todos los flancos del desarrollo psíquico de la persona.

Las raíces del concepto de psicología

Si existe alguna rama del conocimiento humano a la que cabe atribuir una multiplicidad de orígenes, quizá sea la psicología. Y si lo que se pretende es averiguar las raíces más profundas de su génesis, habríamos de remontarnos a los principios de la filosofía, encontrándolas en las escuelas de la Grecia presocrática.

Desde el “tratado del alma y la mente”, puede concedérsele vida propia a esta disciplina desde que la humanidad comenzó su búsqueda de explicaciones al mundo físico y al inmaterial, es decir, desde que empezó a preocuparse por la filosofía y la ciencia.

Los primeros pasos de la psicología

En sus primeros compases se trataba de un planteamiento general (filosófico o metafísico) abarcando, por ejemplo, los estudios epicúreos y platónicos sobre el alma o la tipología de Hipócrates, el padre de la Medicina. Sócrates, Platón y Aristóteles, que conforman una trinidad de élite del pensamiento de la época, incidieron en interrogantes sobre la esencia del ser humano que en nuestros días permanecen a la espera de ser resueltos, como ¿nacemos dotados de aptitudes y habilidades y con la personalidad configurada, o estas se perfilan con el devenir de la experiencia?, ¿cómo puede una persona conocer su entorno y cuáles son los límites, si los hay, de ese conocimiento?, o ¿existen los pensamientos innatos o todos ellos son adquiridos?

Cuestiones, estas y otras muchas, que fueron objeto de encendido debate intelectual durante siglos, adquiriendo paulatinamente la necesaria dosis de precisión en los estudios relacionados al irse incorporando las técnicas de observación y experimentación, hasta otorgar a la psicología una personalidad definida e independiente de la filosofía y un objetivo mejor delimitado, que se fue aproximando al método científico en el que convergen los métodos empíricos y los experimentales.

El inicio de la era científica

Para encontrar testimonios de su perspectiva científica, hubo de esperarse hasta el siglo XVII cuando llegaron los trabajos del racionalista René Descartes y de los empiristas Thomas Hobbes y John Locke. El primero veía en el cuerpo humano un símil de una maquinaria de precisión, pero afirmaba que la mente de un individuo no tenía réplica en ningún otro, otorgándole la condición de independiente y única. Asimismo, le adjudicaba un bagaje de ideas innatas en las que la persona basaría la organización de su experiencia vital.

Los empiristas británicos, por su parte, volcaron su discurso en el rol de la experiencia como cauce para adquirir conocimiento, argumentando que toda la información sobre el entorno es filtrada por los sentidos y que las ideas, para adecuarse a la realidad, deben ser validadas por la información sensorial, la única que consideraban realmente capaz de transmitir conocimiento.

Aquella época acarreó una dinámica que alejaba a la psicología cada vez más de la metafísica, adquiriendo una cada vez más sólida base científica con la consigna de no dar nada por bueno si su procedencia era ajena a la experiencia sensible.

Las diversas ramas que integran la psicología

Desde sus orígenes, la psicología ha opuesto una férrea resistencia a su encuadre como disciplina, dado que aun manteniendo evidentes vínculos con todas ellas, son notables sus diferencias con las ciencias naturales, las ciencias sociales o áreas humanísticas como la antropología.

Las distintas teorías y aproximaciones teóricas que se han ido generando a lo largo del proceso evolutivo de la propia psicología desde la filosofía se han ido acumulando sobre un amplio espectro, dentro del cual podríamos desglosar:

  • Aquellos enfoques eminentemente empíricos, canalizados a través de las conductas observables (serían los correspondientes al denominado conductismo).
  • Los centrados en la evaluación de procesos internos (procesos cognitivos) como el pensamiento, memoria, lenguaje, atención, percepción, etc. (asociados a la psicología cognitiva).
  • Los planteamientos fundamentados en las relaciones humanas (psicología humanista) y en la comunicación y las dinámicas de desarrollo (sistémica), cuya aceptación adquiere especial relevancia en los campos de la terapia familiar, la terapia de pareja y el desarrollo personal.
  • Aquellas corrientes dirigidas a escrutar los procesos ubicados en el inconsciente (con el psicoanálisis)

Pero, en la práctica, todos estos enfoques no son sino meras partes integrantes de un todo proyectado a entender cómo las personas sienten, perciben y piensan, cómo logran adaptarse a su entorno y cuáles son sus habilidades para la resolución de los conflictos en los que se ve involucradas, así como para canalizar adecuadamente su desarrollo personal.

El declive del método científico-filosófico

El impresionante auge de las ciencias naturales acontecido en la primera mitad del siglo XIX dio lugar a la consolidación del método científico-experimental en detrimento del científico-filosófico. Esto tuvo como efecto colateral la delimitación del ámbito de lo psicológico, acotándolo como conjunto de fenómenos singulares aptos para ser objeto de un estudio tanto empírico como experimental, siempre basado en los datos suministrados por la consciencia.

La aproximación al método científico en la psicología

Una de las metas más nítidas y más deseada por la psicología desde sus etapas más incipientes ha sido dotar de base científica a su conocimiento. Y para ello, los psicólogos no hemos podido encontrar mejor camino que aplicar los postulados del método científico, el cual, siguiendo una secuencia determinada de pasos, tiene como referente máximo detectar las tendencias de los fenómenos investigados que permitan explicarlos racionalmente mediante la elaboración de leyes.

En un sentido amplio, puede afirmarse que en la naturaleza intrínseca de la psicología subyace un carácter científico, pues a pesar de las dificultades que entraña la investigación de su objeto de estudio, la labor del psicólogo consiste en descubrir el orden en las conductas, los pensamientos y la motivación de las personas, sometiendo sus hipótesis a una aproximación experimental en la medida que sea posible.

No obstante, hay quienes todavía, en nuestros días y dado que el estudio del comportamiento humano a la luz del método científico no está exento de grandes dificultades, cuestionan seriamente su carácter de ciencia, aduciendo para ello la excesiva amplitud del objeto de su estudio, a la par que dudan de la viabilidad de su comprobación empírica debida a la naturaleza oculta, y en consecuencia no observable, de muchos de los fenómenos sobre los que proyecta su análisis (el pensamiento, la inteligencia, la emoción…).

Las limitaciones de la aplicación del método científico experimental en la psicología se podrían resumir en las siguientes cuestiones:

  1. Las de tipo ético, que lastran iniciativas cuya credibilidad depende en buena medida del rigor propio de las ciencias experimentales. Esta limitación podría ilustrarse con lo que, por ejemplo, representaría someter a privación del cariño paternal a un colectivo de niños para establecer sus posibles vinculaciones con ciertas conductas nocivas manifestadas en la etapa adulta.
  2. Limitaciones que conlleva la difícil observación de los fenómenos sometidos a estudio. Es evidente que el investigador psicológico tropieza con un amplio repertorio de procesos mentales no directamente observables, lo cual complica enormemente ofrecer patrones de medida que arrojen datos concretos.
  3. A la observación de los resultados se le suma el fuerte componente de subjetividad que impregna la observación humana.
  4. La reactividad o el vicio de la persona sujeto de estudio de modificar sus comportamientos al sentirse observada. En mayor o menor medida, la reactividad siempre hace acto de presencia, guardando proporcionalidad inversa con la naturalidad de la situación.

En palabras de Yela, “aplicar el método científico es el camino más firme para la intelectualización de la realidad empírica. No obstante, el investigador ha de asumir su problemática e incertidumbre”. Es obvio que, a pesar de las dificultades, el método científico proporciona cuantiosos datos que permiten una mejor comprensión de la psique, instrumentos capaces de medir parámetros vinculados al comportamiento y estrategias capaces de vencer conductas no saludables.

 

Diferentes aproximaciones teóricas en psicología:

a) Los trabajos de Wilhelm Wundt y el estructuralismo

Aunque la palabra psicología hunde sus raíces en la cultura griega, fue utilizada por primera vez por el humanista cristiano de origen croata Marko Marulić a finales del siglo XV. Pero no fue hasta el último cuarto del siglo XIX cuando aconteció el singular episodio que marcaría un verdadero punto de inflexión para la naturaleza científica de esta disciplina: el establecimiento del primer laboratorio de psicología en la Universidad de Leipzig, cuya paternidad debe atribuirse al psicólogo y fisiólogo alemán Wilhelm Wundt.

Wundt inició los primeros trabajos de laboratorio que apostaban por una exploración exhaustiva de los elementos primigenios de la mente y la consciencia. Para ello, el eminente psicólogo implementó un riguroso procedimiento de investigación que no tardó en ser bautizado como estructuralismo, sustanciado en una combinación equilibrada de empirismo y medición de parámetros con técnicas de reflexión del individuo acerca de su propia consciencia y estado de ánimo. Pronto descubriría que esta introspección resultaba esencial para el afloramiento de las estructuras primarias de la mente consciente.

El modus operandi consistía en presentar un estímulo visual a la persona con la cual se trabajaba, a la que se le pedía una descripción minuciosa de lo que su observación le hacía experimentar. Wundt albergaba la aspiración de lograr que cualquier psicólogo comprendiese la estructura de la mente de esa persona basándose en los testimonios que esta vertía acerca de las reacciones promovidas por aquel estímulo.

El estructuralismo aglutinó un nutrido elenco de elementos sustentadores del pensamiento, la consciencia, las emociones y toda suerte de actividades mentales, consiguiendo su creador acercar a la psicología a las ciencias físicas y naturales debido a la más que aceptable analogía demostrada por sus métodos inductivos de experimentación e investigación con los manejados por aquellas ciencias más consolidadas.

b) El relevo del estructuralismo: el funcionalismo de James

Pero el devenir de los acontecimientos fue sumiendo paulatinamente a los estructuralistas en una cierta decepción acerca de la solvencia de la introspección como técnica garante del descubrimiento de los procesos básicos de la mente.

Ello era debido a que no resultaba infrecuente en los sujetos analizados sentir una cierta dificultad para reflejar descripciones que se ajustaran con verdadero rigor a sus experiencias ante los estímulos. A esta limitación habría de sumársele un cierto déficit científico como método de investigación, pues resultaba muy complicado para el observador dar fe de la precisión de dichas introspecciones.

Siguiendo el proceso evolutivo, terciado el siglo XX fue posicionándose como relevo de la metodología de Wundt el denominado funcionalismo. Tuvo como máximo exponente al psicólogo norteamericano William James, y de alguna manera desvió su foco de atención hacia las funciones de la mente y las peculiaridades del comportamiento como cauce para satisfacer las necesidades personales. Ello fue marginando en buena medida el interés en los elementos integrantes de la mente, tan característico del método dominante en la franja de transición entre los siglos XIX y XX.

c) El Conductismo en psicología

Cabe hacer una mención al hecho de que antes de la irrupción del funcionalismo, el estructuralismo fue objeto de censura por parte de los seguidores de John Watson, líder intelectual del llamado conductismo.

Este psicólogo estadounidense alimentaba su actitud crítica hacia el estructuralismo poniendo de manifiesto que la vocación científica de la psicología, para consolidarse, exigía profundizar en la conducta manifiesta (es decir, la gestualización y expresión de todo tipo de manifestaciones corporales susceptibles de observación directa), en detrimento de la conducta cubierta (integrada por pensamientos, sentimientos y emociones). Esa crítica se basaba en considerar altamente improbable la observación directa de los procesos mentales, postura que le llevó a sugerir que todo psicólogo prescindiera de la existencia de esos procesos mentales y focalizase su actuación exclusivamente en la conducta manifiesta. De suerte que a raíz de ese planteamiento, la orientación de las enseñanzas a los estudiantes dio un giro a favor de una metodología científica fundamentada en la extrospección.

d) La psicología de la forma: Gestalt

Otra vertiente de reacción al estructuralismo, coetánea del funcionalismo, fue la protagonizada por la Guestalt, que giraba en torno al análisis sobre la forma que tiene de organizarse la percepción. Amparados en el lema “el todo es diferente a la suma de sus partes”, sus seguidores prescindían de esas partes indivisas que configuran el pensamiento para centrarse en los medios de los que una persona se vale para considerar esos elementos como unidades o como un todo. La conclusión que se desprendía de ese enfoque era que, considerados en bloque, los elementos que integrados por el mecanismo de la percepción dan lugar a efectos más significativos que si cada uno se considera por separado.

e) El psicoanálisis

Quizá el título de pensador más emblemático de la psicología del siglo XX corresponda al austriaco Sigmund Freud, inmortalizado como padre del psicoanálisis.

De hecho, a él se debe la ideación de un edificio conceptual inconcebible hasta su aparición: la psicoterapia basada en el psicoanálisis, un instrumento de exploración de los cauces que sigue la mente inconsciente para condicionar los pensamientos y comportamientos, todo ello dirigido a ofrecer una solución a la persona que busca tratamiento psíquico.

Este modelo de psicoterapia tiene una vocación de desarrollar una labor de profundización en las experiencias acaecidas en la primera infancia de la persona sometida a tratamiento, cuyo fin es sondear si aquellas han podido condicionar su vida, especialmente en la medida que hayan contribuido a sus preocupaciones y trastornos actuales.

Suele extenderse en ciclos de tratamiento muy prolongados, pudiendo abarcar varios años en función de la dimensión de la exploración que requiera el paciente. Y a diferencia de otros tipos de psicoterapia, realiza intensos cambios en el desarrollo personal y emocional de este.

Obviamente, cada psicólogo gestiona esta especialidad con arreglo a las necesidades de su paciente; pero algo que está asumido por la colectividad científica es la existencia de una triada de elementos comunes a la práctica totalidad de las intervenciones:

– Los problemas de la psique se entroncan en el inconsciente.

– Los síntomas son el reflejo de alteraciones latentes.

– Las causas de un trastorno de esta índole incluyen regularmente temas no resueltos durante la etapa de desarrollo personal o traumas “enquistados”.

La terapia del psicoanálisis entraña una prospección de las acometidas del subconsciente y, por tanto, su meta no es otra que, en base a la comprensión de la huella dejada por las circunstancias del pasado, identificar la causalidad de los acontecimientos de la vida temprana del paciente sobre las circunstancias de su presente. No en vano, uno de los presupuestos más consolidados en este tipo de terapia es que los sentimientos inconscientes y los sucesos de la infancia desarrollan un papel determinante en los procesos mentales.

La terapia psicoanalítica debe entenderse como un mecanismo gradual que requiere sosiego y paciencia, resultando sus efectos, en muchas ocasiones, un giro radical en la vida del paciente.

Se cree a menudo que debido a su naturaleza, el trabajo psicoanalítico queda restringido a traumas de índole general, como la ansiedad, las dificultades de relación, los problemas sexuales o el déficit de autoestima, pero su campo de acción se extiende con solvencia hacia las fobias sociales, la timidez o el insomnio, sin ánimo de agotar el catálogo.

Con esta aproximación la psicología se consolidó como una disciplina científica orientada a ayudar a las personas. El problema del psicoanálisis radica en que su base teórica es se aleja del método científico experimental en gran medida.

f) La psicología humanista

Se trata de una perspectiva que se basa en que las personas estamos genuinamente dotadas de capacidad para tomar decisiones y controlar nuestro comportamiento con la información adecuada.

Sus raíces se encuentran en la mítica década de los 60 del pasado siglo, momento en el que surge como respuesta a los patrones terapéuticos de la época: el conductista se ve un tanto relegado por su rigidez y el psicoanálisis, quizá por encontrarse teñido de un cierto matiz pesimista y por su escasa validez científica.

Esta corriente emerge con pleno respeto a las incuestionables aportaciones de sus antecesoras introduciendo en su técnica elementos novedosos como la creatividad, la afectividad o la autorrealización.

Se caracteriza por su carácter heterogéneo, ya que son varias las escuelas terapéuticas admitidas en su seno, que no obstante, como no podría ser de otra manera, comparten principios básicos en su mayoría emanados del pensamiento de figuras como Abraham Maslow o Carl Rogers entre otros. Principios que de manera sintética podrían reflejarse así:

– El valor de lo que pensamos, sentimos, percibimos y hacemos, es decir, la experiencia registrada en los planos cognitivo, emocional, somático y conductual.

Las personas deben considerarse como ente global y no como la suma de sus partes; ello es así debido a la interrelación de mente y cuerpo prescindiendo de la cual no pueden abordarse los problemas psíquicos de la persona.

– Destierro del dualismo paciente-enfermo. Los problemas psicológicos han de ser tratados como limitaciones para desplegar el potencial de desarrollo personal con el que nace el individuo.

El estudio integral de la persona sana debe reemplazar al enfoque patológico de neurosis/psicosis. Ello explica que la corriente humanista es aquella centrada en la persona, que vela por sus necesidades recogiendo el ambiente y el entorno cultural en el que se desenvuelve.

Dentro de ella conviven, como se ha dicho, actualmente multitud de técnicas de psicoterapia o de desarrollo personal cuyo denominador común es fácil de identificar.

g) La psicología sistémica

Enraizada en la Teoría General de Sistemas formulada por Bertalanffy en 1968, se centra en estudiar los fenómenos de comunicación que se producen en cualquier grupo o sistema humano que interaccione, así como en cada una de las personas por separado, concebidas cada una de ellas como un contexto formado por distintos sistemas.

En sus orígenes en psicología comenzó su andadura aplicándose a familias en cuyo seno había un enfermo aquejado de algún grave trastorno psíquico. El fundamento de la actuación estriba en considerar que ese enfermo no era sino la persona que sufre a nivel individual una relación patológica que afecta a todo el grupo familiar.

Paulatinamente, este enfoque se amplió a grupos en los que uno de sus miembros manifestaba ya no una enfermedad mental sino simples perturbaciones de la psique, con frecuencia derivadas de un clima de convivencia poco saludable, con problemas de comunicación, roles equivocados y patrones de conducta alterados.

Como puede verse, su principal objeto de intervención es la familia, como sistema humano nuclear dentro de la sociedad. Por esta razón es muy útil abordar los problemas familiares desde un enfoque sistémico. Este enfoque sistémico prescinde del análisis causa-efecto en beneficio del de las reglas de interacción familiar, como llave para acceder al germen de los conflictos familiares.

En cuanto a su mecánica de abordaje, tiene una excepcional ventaja: no requiere que el grupo familiar en su totalidad esté presente, ya que puede resultar igualmente eficaz con la sola participación de unos solo de sus integrantes o al menos de unos pocos. La explicación, sencilla: en todo sistema, las modificaciones habidas en una de sus partes generan cambios en el resto, haciendo surgir un nuevo sistema con distinta configuración.

Se trata de una técnica posibilista, es decir, más centrada en las posibilidades que en las debilidades, que respeta los objetivos particulares de la persona para proporcionarle una perspectiva más amplia de su realidad.

g) La psicología cognitivo-conductual

A la vanguardia de los campos de investigación en psicológica, y entre la miríada de propuestas ofrecidas para los diversos tipos de pacientes y problemáticas, se encuentra la terapia cognitivo conductual, que goza de fuerte protagonismo tanto en las consultas como en las facultades por ser una orientación que asume los avances científicos del conductismo y también las investigaciones realizadas sobre los procesos mentales.

Hablamos de una corriente heredera de buena parte de los fundamentos teóricos del conductismo, aunque incorpora la necesidad de actuar no solo sobre la conducta de la persona sino también sobre sus pensamientos. De hecho, su forma de trabajar se reflejará en inculcar vías de aprendizaje para identificar los llamados pensamientos disfuncionales, aquellos que derivan hacia conclusiones poco prácticas o apartadas de la realidad. Ello hace imprescindible saber proporcionar al paciente cauces de reflexión acerca de cuáles son los aspectos que le generan conflicto en su manera de pensar, es decir, enseñarle a detectar qué patrones de su pensamiento actúan como fuente de problemas.

El abanico de posibilidades que se abren ante la terapia cognitivo conductual es grande, pues pretende aplicarse a personas de cualquier edad y condición y, a su vez, en una multiplicidad de problemas, véase ansiedad, fobias, terapia de pareja, problemas de psicología infantil, trastorno bipolar, esquizofrenia, depresión, etc.

Algunas aplicaciones actuales de la psicología científica

a) Psicoterapia cognitivo-conductual para controlar la ansiedad y la depresión

Los trastornos de ansiedad y depresión se encuentran entre los principales motivos de consulta psicológica, amenazando, según los datos, con convertirse en los albores de la próxima década en la primera causa de enfermedad.

Es sabido que la farmacología se revela como insuficiente para conseguir un tratamiento definitivo tanto de la ansiedad como de la depresión, habiendo experimentado la terapia cognitivo conductual un empuje muy considerable entre las diversas alternativas existentes, máxime disfrutando del aval de organizaciones tan autorizadas como el National Institute for Health and Clinical Excellence, la Organización Mundial de la Salud o la Federación Mundial de la Salud Mental.

Estas instituciones recomiendan recurrir en primera instancia a psicoterapia cognitivo-conductual en casos de trastorno depresivo leve y moderado, determinadas fobias, trastorno obsesivo-compulsivo y ansiedad, entre otras patologías. apelan fundamentalmente al los siguientes hechos:

  • Carecer de efectos secundarios y no degenerar en patologías residuales
  • Minimizar el riesgo de recaída
  • Garantizar una elevada tasa de recuperación
  • Evitar la cronificación
  • Mejorar notablemente la calidad de vida

Adicionalmente, puede encontrarse otra ventaja al tratamiento cognitivo conductual: cuando coexisten trastornos psicológicos con de adicciones al consumo de alcohol y/o sustancias psicoactivas.

Es evidente que la terapia cognitivo conductual se ha posicionado en primera línea entre los tratamientos de salud mental, siendo reconocidas por la comunidad científico-médica las claras ventajas de esta terapia.

b) La terapia de pareja

La terapia de pareja se ciñe al análisis minucioso de los conflictos que pueden ocasionar la quiebra de una relación sentimental, abordando la forma en la que se gestaron los problemas y los factores que los alimentan, y siempre teniendo en cuenta que en esa relación existe una clara preponderancia de las interacciones negativas que es lo que demanda una terapia de pareja.

Si algo caracteriza a una relación de pareja es el permanente intercambio de experiencias que permite la estrecha interacción de ambos miembros. La necesidad de plantear una terapia de pareja nace en el momento en el que, dentro de esa interacción, el flujo dominante es el negativo. Esa pérdida de la capacidad de comunicación y resolución de conflictos demanda una intervención encaminada a devolver a la pareja esas habilidades, intervención que puede desglosarse en las siguientes acciones:

  • El llamado contrato conductual: con vistas a incrementar el intercambio de conductas positivas, se recurre a la enseñanza de las técnicas de comunicación necesarias para llegar a acuerdos
  • Abrir cauces para la comunicación y resolución de conflictos.
  • Abordar decididamente las áreas del compromiso, la intimidad y las emociones, básicas en el contexto de una relación.
  • Adquisición de conceptos de los que representa una relación de pareja.
  • Comprensión de la forma en la que los pensamientos disfuncionales pueden trastornar la manera de sentirse.
  • Aprendizaje de las habilidades de comunicación y de la manifestación de las emociones.
  • Fomento de la reciprocidad entre los miembros de la pareja
  • Planificación del tiempo dedicado a la convivencia, las tareas domésticas, la familia, el ocio, las amistades y el trabajo.
  • Aprendizaje de formas de amortiguar el desencadenamiento brusco de conflictos.
  • Dominio de los celos y la dependencia entre los miembros de la pareja.

 

c) La psicología infantil

En el campo de la psicología infantil abundan los métodos destinados a ayudar a niños con problemas emocionales o de comportamiento. La decisión de recurrir a este tipo de tratamientos se adopta en base al historial médico, la intensidad de los problemas detectados, su desarrollo personal y sus habilidades comunicativas y de relación con el medio.

Para lograr la plena eficacia de las terapias desarrolladas en psicología infantil, el método cognitivo conductual se ha ganado la condición de ser la línea de intervención de elección en la mayoría de los casos. Se basa en la premisa de que los trastornos psicológicos son generados por pensamientos o comportamientos disfuncionales, que en muchas ocasiones ralentizan el desarrollo personal. A partir de ahí, el profesional de psicología infantil obtiene la solución mediante la corrección de esos patrones de pensamiento y esas conductas nocivas que ocasionan malestar.

Este tratamiento, para su viabilidad en psicología infantil, hace imprescindible la máxima implicación de los progenitores, sin la cual es altamente improbable que acontezcan los cambios necesarios de conducta del niño. Será misión del psicólogo el conducir a los padres hacia la conquista de nuevas habilidades para ayudar a su hijo en el momento presente y en el futuro.

 

¿Buscas psicólogo?

Rellena el fomulario y me pondré en contacto contigo